Pouring de Emociones
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El ser humano es la única criatura capaz de ensañarse con su propio error. No solo tropezamos dos veces con la misma piedra; a veces, parece que nos encariñamos con ella, la bautizamos y la llevamos en el bolsillo para asegurar el siguiente impacto.

A menudo, volvemos a caer porque el camino equivocado nos resulta cómodamente familiar. Existe una extraña seguridad en el desastre conocido que no encontramos en el éxito incierto. Preferimos la piedra que ya sabemos cómo nos va a herir que el terreno virgen que no sabemos cómo pisar.

El segundo tropiezo suele estar impulsado por una frase peligrosa;"Esta vez será diferente". Es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Creemos que, aunque el obstáculo sea el mismo, nuestra voluntad ha cambiado lo suficiente como para alterar las leyes de la física emocional.

A veces no es que no veamos la piedra, es que nos negamos a aceptar que está ahí. Ignorar la evidencia es un mecanismo de defensa; admitir el error implicaría aceptar que nuestra estrategia de vida necesita una reforma estructural. El hombre que tropieza dos veces con la misma piedra no es un necio por haber caído, sino un aprendiz que aún no ha terminado de entender el peso de sus propios pasos.

Al final, cuando nos encontramos de nuevo en el suelo, mirando ese mismo obstáculo que juramos evitar, surge la duda que define nuestra evolución: ¿Es realmente la piedra la que se cruza en nuestro camino, o somos nosotros quienes, en nuestra terca necesidad de redención, buscamos el mismo golpe hasta que por fin decidamos aprender a caminar de otra manera?